Confianza, pasión y resiliencia: ingenieras mecánicas comparten su ruta profesional
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Confianza, pasión y resiliencia: ingenieras mecánicas comparten su ruta profesional
Cuatro egresadas contaron las experiencias que han marcado su trayectoria y alentaron a las estudiantes a confiar en sus capacidades, mantenerse fieles a sus intereses y abrirse paso en una profesión que históricamente ha sido dominada por hombres.
Diana Alonso
En el marco de la celebración por los 30 años de la Licenciatura en Ingeniería Mecánica, el ITESO reunió a cuatro egresadas que se han desempeñado en ámbitos como la industria automotriz, la investigación científica y la docencia. En el panel “Mujeres en Ingeniería Mecánica” compartieron experiencias, retos y consejos con estudiantes de ingeniería.
El conversatorio contó con la participación de Julia Ramírez, senior project manager en el Oxford Robotics Institute (ORI) de la Universidad de Oxford; Nicole Preciado, profesora de Ingeniería Mecánica en el ITESO y especialista en diseño y simulación estructural en la industria automotriz; Ana Paula Buzo, ingeniera de simulación automotriz con experiencia en automatización y sustentabilidad industrial, y María Fernanda Padilla, ingeniera de calidad especializada en nuevos lanzamientos dentro de la industria automotriz.
“¿Por qué decidieron estudiar Ingeniería Mecánica siendo una carrera en la que históricamente la mayoría son hombres?”. Esa fue la pregunta con la que las estudiantes Miranda Orozco y Montserrat Galindo, moderadoras del panel, abrieron la conversación.
Las respuestas coincidieron en que la curiosidad, el deseo de entender cómo funcionan las cosas y la posibilidad de diseñarlas o mejorarlas fueron los principales motivos que las llevaron a elegir esta profesión. El género, dijeron, nunca pesó en su decisión. “Yo no sabía que era mayormente de hombres”, recordó Preciado, quien aseguró que esa realidad nunca representó un obstáculo para estudiar lo que le apasionaba.
Sin embargo, la diferencia se hizo evidente en las aulas. Ramírez recordó que fue la única mujer de su generación, aunque destacó el compañerismo y respeto que encontró entre sus compañeros. “Me trataban como una hermana”, dijo. Buzo confesó que se sintió intimidada el primer día de clases, cuando descubrió que no había otra chica en su salón. Con el tiempo, dijo, encontró otras compañeras y comprendió que las diferencias eran menos importantes de lo que parecían al principio.
Fue al incorporarse al ámbito laboral cuando varias de ellas enfrentaron cuestionamientos más directos sobre sus capacidades. Comentarios que les hacían como “¿No que habías estudiado ingeniería?”, “Ah, sí sabe” o “Pruebas” para que demostraran sus conocimientos fueron algunos de los que compartieron. En muchos casos, señalaron, provenían de colegas mayores que aún conservan ciertos prejuicios sobre el papel de las mujeres en la ingeniería.
Una participante del público comentó que, en más de una ocasión, había sentido que por ser mujer debía esforzarse más que sus compañeros, saber más, participar más y asumir más responsabilidades para demostrar que merecía su lugar dentro de la profesión. Ante ello, Preciado respondió desde su propia experiencia: “No le tenías que demostrar nada a nadie”. La docente reconoció que este tipo de situaciones siguen ocurriendo, pero insistió en que la confianza en las propias capacidades y el trabajo bien hecho terminan hablando por sí solos.
El encuentro no giró únicamente en torno a los estereotipos o las barreras de género. Las participantes también compartieron aprendizajes que les han ayudado a crecer profesionalmente: mantener la curiosidad, perder el miedo a equivocarse, aprender a pedir ayuda, construir redes de apoyo y recordar que no existe una sola forma de ser ingeniera mecánica.
Asimismo, reflexionaron sobre cómo ha cambiado su idea de éxito con el paso de los años. Si durante la universidad lo asociaban con conseguir un empleo o alcanzar determinados cargos, hoy lo relacionan más con sentirse satisfechas con el trabajo que realizan, mantenerse fieles a sus valores y generar un impacto positivo desde sus respectivos ámbitos de acción.
Al finalizar el panel, las cuatro coincidieron en la importancia de que las estudiantes confíen en sus capacidades. Buzo las invitó a construir alianzas y acercarse a personas que puedan acompañarlas y orientarlas a lo largo de su trayectoria; Padilla destacó el valor de mantenerse fieles a aquello que les apasiona, mientras que Ramírez recordó que ninguna meta profesional debería estar por encima del bienestar personal y llamó a cuidar la salud y disfrutar el proceso.
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