Reivindican el humanismo como respuesta a las crisis contemporáneas
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Reivindican el humanismo como respuesta a las crisis contemporáneas
En la primera jornada del X Encuentro del Humanismo y las Humanidades los participantes hablaron sobre el papel de la “inteligencia artesanal”, la creatividad y tradición ignaciana frente a la IA y las nuevas desigualdades.
Ximena Torres
El humanismo ha sido uno de los grandes proyectos intelectuales de la civilización occidental y ha contribuido a que las sociedades se hagan preguntas sobre la libertad, la dignidad, la justicia y hasta el sentido de la existencia. Sin embargo, como señala Alexander Zatyrka, SJ, rector del ITESO, también es un proyecto con contradicciones cuyos valores han convivido, en distintos momentos, con prácticas de dominación, intolerancia, autoritarismo y exclusión.
“Esto nos permite decir que el humanismo no es una herencia que debamos conservar intacta, sino una pregunta que cada época está obligada a replantear”, agregó Zatyrka.
Luis Alfonso González Valencia, SJ, rector de la Ibero León y asistente de Educación para las Universidades de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, coincide con esa visión, pues asegura que, en el actual contexto atravesado por desigualdades, violencias, transformaciones culturales y tecnológicas, las humanidades ayudan a formular preguntas pertinentes sobre los fines y las consecuencias de las decisiones humanas.
Lo expresado por ambos jesuitas describe el sentido del Encuentro del Humanismo y las Humanidades en la tradición educativa de la Compañía de Jesús. En su décima edición, celebrada en el ITESO, la reflexión giró en torno a la vigencia de la corriente filosófica como guía para el mundo actual y la educación superior.
¿Cómo se relacionó Ignacio de Loyola con las humanidades y qué herramientas aún ofrecen esas disciplinas para atender los desafíos? Esas fueron algunas de las cuestiones abordadas en la primera jornada del encuentro, durante el planteamiento titulado “Humanismo en la historia de Occidente y en la Compañía de Jesús”.
Una inteligencia artesanal
Esta no es la primera vez que la humanidad comparte una conciencia generalizada de crisis, explicó Alfonso Alfaro, doctor honoris causa por el Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Él propone tres preguntas, a las que también llama figuras, para abordar los desafíos desde el humanismo. La primera tiene que ver con un reconocimiento de que hay nuevas desigualdades que se sobreponen a las que ya existían.
En una gráfica presentada por Alfaro, eso se ve como una serie de esferas que representan crisis diversas —las coyunturales, estructurales, culturales y de humanidad—. Hay un punto en el que todas esas circunferencias hacen contacto: justo ahí se encuentra el mundo. “Nos llueve sobre mojado”, dijo el académico y, para dar paso a su segunda figura, agregó que “según el sapo es la pedrada”.
Ese también es un reconocimiento de que Occidente no es la única civilización y, por lo tanto, las fórmulas para enfrentar los problemas serán diversas. Para evidenciar su argumento, Alfaro habló de las sociedades confucianas, islámicas, del imperio neobizantino, de la región de Indostán y de las sociedades de arraigo telúrico (con la Tierra). A ellas se suma el campo de la cristiandad, en el que se encuentra la sociedad mexicana.
De acuerdo con Alfaro, una de las mejores herramientas que tienen las sociedades cristianas para hacer frente a las crisis son sus matrices culturales occidentales. Estas consisten en el humanismo renacentista, el humanismo ilustrado, la potencia industrial, la potencia emergente y la artesanal. La última es muy valiosa en la actualidad porque incluye elementos como la conciencia de la finitud humana, el cuerpo como agente y el trabajo como fuente de satisfacción para quien lo ejecuta.
“Estas propuestas de la cultura artesanal, que se encuentran presentes en la tradición occidental, pueden dar pistas para reconfigurar la nueva propuesta de la inteligencia que se nos ofrece como artificial”, finalizó Alfaro.
Contemplar la divinidad en toda creación
Arturo Reynoso, SJ, académico del ITESO y coordinador del encuentro, narró la conexión del humanismo y las humanidades con el ministerio educativo jesuita. Su explicación comenzó con la ilustración del Cardoner de San Ignacio de Loyola, una experiencia mística y fundamental que impulsó al religioso a dedicar 12 años a su formación para desarrollar su misión apostólica de servicio.
Por esos años, en 1524, había un conflicto en Europa entre los intelectuales que se adscribían a la corriente escolástica y a los humanistas. En ese ambiente, San Ignacio de Loyola no buscó confrontaciones, sino conciliación entre los aportes de ambos movimientos y, al igual que Erasmo, filósofo humanista, tuvo contacto con los Hermanos de la Vida Común en los Países Bajos.
La corriente que dicha comunidad religiosa promovía, la Devotio Moderna, “buscaba tener una experiencia más profunda adentrándose en el conocimiento de la humanidad de Cristo. [...] Ignacio va a apelar a esto y va a ser una de las cosas que va a meter en sus Ejercicios Espirituales”, explicó Reynoso.
El académico se refirió, especialmente, al ejercicio de la Contemplación para Alcanzar el Amor. Este no se aparta de la dimensión cristocentrista, pero invita a reconocer la divinidad en todas las cosas creadas. “Esa síntesis antropológica precedida por el deseo, la libertad y la responsabilidad e incluso la autonomía, porque Dios no decide por él, refleja las características del humanismo integrado por Ignacio de Loyola”, agregó.
Para fomentar esta experiencia, San Ignacio integró las materias que entonces llamaba “letras de humanidad” —o del estudio del ser humano— en la formación y las misiones jesuitas. En los siglos posteriores surgieron cada vez más dificultades para incluirlas en los colegios, pero Reynoso se mantiene firme en que todas las instituciones educativas de la Compañía de Jesús tienen la responsabilidad de ofrecer una formación que fomente el ejercicio de la inteligencia, el cultivo del espíritu, la creatividad, el deseo, la sensibilidad y el servicio hacia otros a través de ellas.
La alternativa de la creatividad
La tercera ponente fue Sara Baz, directora del Departamento de Arte de la Ibero Ciudad de México. A manera de memorias, ella relató el momento de su infancia en el que decidió que quería ser una erudita, todo gracias a su padre, un abogado muy interesado en la Antigua Roma. “Me taladró los oídos repitiéndome que estudiara, que estudiara mucho para no tener que trabajar. [...] en su fantasía, el único capital que yo debía de cuidar era el de mi cerebro”, dijo Baz.
Más tarde, en su adolescencia, resolvió que la única manera de alcanzar la erudición era elegir una carrera basada en los estudios humanitarios. Y así lo hizo, en la Licenciatura en Historia del Arte. Sin embargo, algo que la decepcionó durante su formación fue que no había cursos que la aproximaran “a lo antiguo” porque no era práctico, como le dijeron sus profesores.
Con el paso de los años y ahora que es académica, prefiere no abordar a los padres de sus estudiantes con el mismo discurso, pero sí consulta a Jorge Volpi, para buscar alternativas para la crisis de las humanidades. Del escritor mexicano retoma el concepto de mímesis, que para ella hace referencia a las imitaciones simbólicas que solo los humanos pueden lograr.
“Mimetizar no es imitar, como suceden las especies animales. No es hacerse uno con el entorno para sobrevivir. [...] Es ejercitar día a día la creatividad, la fantasía, la imaginación y todas estas cualidades despreciadas por la ciencia experimentada y por el extractivismo de la academia actual”, mencionó Baz.
La inteligencia artificial atenta contra esta posibilidad. En respuesta, la académica ha sustituido su compromiso con la erudición por la inclusión de las humanidades en sus aulas.
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